Convivir con las hormigas del jardín

Ilustración de un paisaje

Las hormigas son de los habitantes más constantes del jardín. Se ven en filas que cruzan el camino, en montoncitos de tierra fina entre las losas y a veces bajo una maceta que llevaba tiempo en el mismo sitio. Aunque a primera vista parecen una molestia, trabajan sin descanso. Remueven y airean la tierra, se llevan restos de plantas y de otros bichos, y sirven de alimento a muchos pájaros.

Rara vez hace falta hacer nada con un nido que está en el césped o entre las piedras. Las hormigas suelen quedarse en su rincón y no dañan las plantas sanas. Si una fila de hormigas sube por el tallo de una planta, casi siempre es porque hay pulgones encima, que les dan una sustancia dulce. Conviene mirar entonces la planta con calma y ver si necesita ayuda por otro motivo.

Que se queden fuera de casa

Lo que sí se puede evitar es que entren en la cocina. Limpia enseguida las migas y las gotas dulces, guarda el azúcar y la miel en recipientes bien cerrados y no dejes la comida de los animales toda la noche en el suelo. Una fila de hormigas que entra en casa sigue siempre un rastro, y basta limpiar bien con agua y jabón por donde pasa para que pierdan el camino.

También ayuda cerrar las grietas más evidentes junto a las puertas y las ventanas y no apoyar plantas o ramas contra la fachada, porque hacen de puente. Si el nido está justo delante de una puerta, se puede humedecer la zona y alisarla varias veces, y las hormigas suelen trasladarse un poco más lejos sin mayores problemas, sin que nadie tenga que hacerles daño.

Con el tiempo se aprende a distinguir las hormigas del jardín, que van a lo suyo, de las que solo pasan por casa buscando comida. Lo primero es una señal de que el suelo está vivo, y lo segundo se resuelve con orden y paciencia.

Los niños suelen disfrutar mucho con ellas. Se pueden sentar junto a una fila, ver cómo cargan migas mucho más grandes que ellas y descubrir cómo se saludan al cruzarse.